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"A" de Anal (Abecedario GAY) PDF  | Imprimir |  E-Mail
Por.  Shanggai L. (Publicado con el permiso del autor)
 
Para ser homosexual y seguir relacionándose con el resto del mundo, un requisito imprescindible es perder el sentido de la perplejidad. Esto es especialmente útil cuando llegas al punto de sincerarte con amistades heterosexuales, porque sus preocupaciones e inquietudes sobre los hábitos sexuales de un marica pueden retar seriamente tu salud mental. Yo llegué a esta conclusión tras infinitas conversaciones con amigas y amigos heterosexuales, que me convencieron de que lo más parecido a los unÍvocos raíles de un tren es la lógica sexual de un hetero. Sentida prueba de esto es que, no hace mucho, una buena amiga me sorprendió confesándome que aunque su marido le insistía cada vez que se acostaban en intentar probar por <ese otro boquetito>, ella no se lo permitía por que... ¡pensaba que así es como se cogía el SIDA!
 
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En esos escasos -Gloria tíbi, Domine- momentos en los que la sociedad bien pensante se atreve a hacerte partícipe de sus elucubraciones sobre el sexo anal, a veces combates el impulso de estrangular a alguien, otras el de doblarte de risa, y la mayoría ambos en conjunción con un insufrible fastidio: ¿por qué la gente no utiliza la lógica? Un ano no es una vagina, no se lubrica ni está diseñado para recibir, eso hasta el menos observador lo sabe, pero también podría intuir hasta el menos observador que si la homosexualidad ha existido a lo largo de toda la historia:

a) Algún aliciente debe tener. b) No existe el “anus dentatus”, esa especie de fantasía heterosexual que se come las pollas a bocados y te castra convirtiéndote en un <pobre afeminado sin virilidad>. c) Los paralelismos entre el coito vaginal y el anal son bastante mayores de lo que la gente se suele imaginar. d) El sexo anal ni mucho menos está limitado a los homosexuales. De hecho en una reciente encuesta realizada entre 100.000 mujeres por la Redbooh Magazine se averiguó que el 42% de las mujeres lo habían probado al menos una vez y para un 2% el sexo anal era una parte muy importante de su relación sexual.

En cualquier caso, el sexo anal difiere del vaginal en algunos puntos destacables.

Sinceramente, con este libro me gustaría poder levantar ese triste velo de prejuicios que durante siglos ha caído sobre nuestras prácticas sexuales, convirtiendo lo que debería ser fuente de placer en un insufrible padecimiento. Si en algún punto los prejuicios, la homofobia y la ignorancia ha castigado y deformado una práctica completamente sana y placentera, ese es el sexo anal y todo lo relacionado con esta zona. Comentarios de ignorantes doctores exclamado que <el culo es para cagar no para follar> y otras barbaridades han intentado ocultar la evidencia de que no hay absolutamente nada nocivo, perjudicial o peligroso en practicar el sexo anal; si se hace correctamente. Para ello es fundamental acercarse a nuestra realidad con la naturalidad que tal fuente de placer requiere. Sepamos, pues, algunos datos anatómicos sobre nuestro ano que habitualmente no se discuten. Para empezar dejemos claro que el ano no es ningún mecanismo infernal puesto en nuestro cuerpo por el mismísimo Belcebú para deshonrar la perfección de nuestra santidad. No, el ano forma parte del intestino grueso (colon).
 
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Anatómicamente, la finalidad del colon es transportar desechos orgánicos desde el intestino delgado hasta tu abertura anal -sí, incluso tú, sofisticado poseedor de esas chaquetas divinas de piel de Donatella, digo de serpiente, vamos, de Versace, tienes una apertura anal, donde son expulsados. Pararealizar esta tarea, el tejido del colon, o mucosa, está especialmente equipado para absorber el agua de los desechos líquidos de tu intestino delgado -Insisto en recordar a todas aquellas que piensen que su interior está diseñado por Miuccia Prada y se chupen los pómulos en señal de despreciativo asco, que también poseen intestino delgado y desechos orgánicos... hasta Anson posee desechos orgánicos (y no me refiero a los impresos)- y convertirlos en heces sólidas. Es precisamente esta altísima capacidad de absorción del colon la que lo convierte en un acceso especialmente susceptible de infecciones; el HIV es desde luego una de las más mortales.

El colon mide unos I.8 metros, pero durante la relación anal solo se penetran los últimos centímetros. Esta área incluye el ano y el recto; aunque ambos se encuentran en el colon, de hecho constituyen dos zonas anatómicamente muy diversas. El ano está recubierto de unas células muy similares a la piel, mientras que el recto se asemeja al resto del colon. El ano tiene terminaciones nerviosas capaces de experimentar dolor, el recto no.

Los músculos que controlan las evacuaciones intestinales, comúnmente conocidos como esfínteres, están concentrados en el ano y bajo recto. Estos músculos están divididos entre un esfínter externo y uno interno. Sin embargo, el esfínter externo, la banda de músculos más superficial, está bajo nuestro control directo. Podemos contraerlo voluntariamente para retener gases o heces, igualmente podemos relajarlo para defecar. El esfínter interno, que linda con el colon, por otro lado, es un músculo involuntario y por lo tanto no podemos provocar voluntariamente su contracción o relajación. Cuando las heces entran en el bajo recto, el esfínter interno se relaja involuntariamente para defecar. Si en ese momento estás en la sala de reuniones del PP mientras te explican su ley de parejas de hecho, por ejemplo, dependes de tu esfínter externo para contraerlo y prevenir un pie de foto nada deseable (verbi gratia: Se cagó en la sede del PP y su ley de parejas de hecho). Las paredes del recto también contienen fibras nerviosas que te informan de la diferencia entre gases y heces.
 
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De igual manera que el músculo del esfínter interno se relaja cuando las heces entran al recto, también se contrae involuntariamente cuando un pene u otro objeto intentan penetrar desde el exterior. Como la palabra involuntariamente implica, esta contracción del esfínter está fuera de nuestro control, no importa lo relajados o excitados que nos encontremos. La relajación del esfínter interno permite el paso de grandes cantidades de evacuaciones intestinales sin dolor, pero un pene de dimensiones mucho más reducidas puede dañarte durante la penetración. Un desgarro anal puede tener lugar durante la fase inicial del sexo anal si tu pareja insiste en empujar
su pene a través de tu esfínter cerrado. Me permito, no obstante, aclarar que el sexo anal no implica mayor probabilidad de sufrir disfunciones rectales, muy al contrario. Stephen Goldstone, médico neoyorquino especializado en padecimientos ano-rectales, es categórico en sus aseveraciones: <Cada vez que se presenta un paciente con una fisura, una fístula anal o un problema de hemorroides, mi primera respuesta a sus temores es la siguiente: "Esto no te lo provocó una práctica de sexo anal, sino algo muy distinto: las disfunciones del tracto gastrointestinal, el estreñimiento, el estrés o un leve desgarramiento anal provocado por un tránsito difícil de las heces fecales">. Y no solo eso. A muchos pacientes gays este médico les recuerda que una repetida exposición al sexo penetrativo los vuelve incluso menos propensos a estos padecimientos, excepto cuando dicha práctica se realiza sin lubricación. 

En efecto, el esfínter interno es un músculo, y como cualquier músculo no solo mejora con el ejercicio al igual que toda la zona anal que mejora el riego, se revitaliza y vuelve más resistente - sino que tan solo se puede contraer durante un determinado tiempo hasta agotarse y entonces debe relajarse. Una vez relajado, tu pareja puede introducirte el pene sin causarte dolor -ya sé que parece que me estoy dirigiendo a un planeta de pasivos, pero os recuerdo que para clavarla no es necesario mucho asesoramiento.

¿Que cómo se agota un esfínter interno? Muy sencillo, colócale un condón de látex (los de membrana natural no te protegen del HIV y los ultra finos se pueden romper durante el acto) al pene de tu pareja y lubrÍcalo bien. La lubricación es esencial en el sexo anal. El ano, a diferencia de la vagina, no se auto lubrica por muchos preámbulos que realicemos, así que es importante disponer de un buen lubricante a mano. Lamentablemente, la cultura del lubricante nunca ha sido tan popular en España -país donde <hacerlo a pelo> parece un deporte nacional- como en Estados Unidos, donde se dispone de una amplia variedad de lubricantes no agresivos para el condón. Pero baste saber que es aconsejable utilizar lubricantes que sean solubles al agua porque, aparte de debilitar el condón, los lubricantes con bases de aceite ocluyen las glándulas anales, extremadamente sensibles, y pueden causar infecciones. Hay que evitar los lubricantes que tienen una base de aceites (incluidas las lociones corporales, la vaselina y las cremas de manos). El lubricante es decisivo, no permitas que tu pareja use lo primero que caiga en sus manos para la ocasión. Muchos lubricantes (incluso los solubles en agua) contienen tinturas y perfumes que pueden ser especialmente irritantes para la sensible piel de la zona anal. Recuerda aplicar una generosa dosis de lubricante en tu zona anal y otra al pene de tu compañero (bien enfundadito en su condón de látex, recuerda). No es aconsejable introducir dedos en el ano, un pene bien lubricado puede ser mucho menos traumático que un dedo con uñas cortantes. Suavemente desciende, sentándote, sobre el pene de tu compañero hasta sentir incomodidad. Esto corresponde al momento en que su pene comienza a estirar tu esfínter interno ya contraído.
Mantente en esta misma posición, con el pene de tu compañero aplicando una presión constante y suave contra los músculos de tu esfínter interno. Su presión provocará que tu músculo mantenga su contracción hasta que se agote y se relaje... ¿Cómo? No, querido, no vas a tener que estar preso del deseo  y suspendido ahí horas y horas. Por fortuna, el músculo normalmente se agota a los treinta o sesenta segundos. Cuando sientas que tu esfínter se ha relajado. Siéntate totalmente sobre el pene. Tras un par de sube-bajas. Tu músculo estará lo suficientemente estirado como para que podáis pasar a la posición que prefiráis.

Es importante que no estimules tu pene (manual u oralmente) mientras tu compañero intenta penetrarte. La estimulación provoca inmediatamente la contracción de los músculos del esfínter y solo incrementa el tiempo necesario para relajarlo. Obviamente, una vez hayas recibido a tu compañero, estimúlate todo lo que quieras.
La razón por la cual es aconsejable que quien recibe inicie la penetración sobre el que penetra es porque esta posición le permite controlarla, evitando que se lastime. Cuando el que penetra está encima, si siente tu esfínter contraerse seguirá empujando para penetrar, no es consciente de que tu esfínter no es rival para su deseo. Puede dañarte sin darse cuenta. Si la inserción causa mucho dolor, él deberá retirar el pene y dejar tu músculo descansar antes de seguir. A menudo un dolor intenso quiere decir que el músculo sufre un espasmo (una contracción anormalmente fuerte), en ese caso pueden pasar desde horas hasta días antes de que se relaje de nuevo.

Esto solo es una introducción que iremos ampliando cuando tu esfínter se relaje y sigas leyendo. No quiero introducir todo de golpe (¿pillas la analogía?), iremos analizando el sexo entre hombres gradualmente en capítulos sucesivos. Pero sí quiero incluir en este acercamiento a nuestra zona anal unas palabras sobre su higiene y algunos errores que mucha “mariquetelimpia” comete. La pretensión de las mencionadas de mantener esta zona como un impoluto monederito de seda es muy loable, pero un ano, te pongas como te pongas, es un ano y, por cierto, ese es su encanto. Quien quiera meterla en un sitio realmente limpio: ¡que se la clave a la lavadora y, hala, hasta el prelavado!

La higiene del ano no debe sobrepasar lo lógico. Esos “mariquetelimpias” que se llegan a hacer sangre con tanto frotar para que su conquista pueda introducirla en un sitio pulcro como un convento harían bien en pasarse por un psicólogo de guardia. Antes de realizar el sexo anal, basta con retirar los residuos fecales de la parte externa del ano con un papel húmedo. Las bolitas de algodón sirven perfectamente, pero evita las toallitas húmedas para bebés. La mayoría tienen perfumes y pueden irritar la sensible piel en torno al ano. En cuanto a los enemas (Que, como habréis leído en el relato realiza habitualmente Michi) no son en absoluto recomendables. Introducen una gran cantidad de fluidos en el recto, que posiblemente no evacues antes del sexo. Los movimientos dentro fuera del pene de tu pareja o de dedos, estimulan las contracciones del colon, y cualquier residuo del enema acabará finalmente por escapársete, creando una impresión peor que la que se quiso evitar. Aparte de esta lamentable contraindicación de tal neurosis por la limpieza, los enemas pueden producir un estreñimiento severo. En el peor de los casos, algunos hombres se vuelven tan dependientes de los enemas que no pueden evacuar sin aplicárselos.

Si realmente te sigue preocupando retener heces en el colon y no puedes evacuar antes del sexo, prueba un lavadito con una jeringa para los oídos. De venta en cualquier farmacia, hay dos tipos: una roma y ancha que solo cubre el oído y otra delgada y estrecha para insertar en el canal auditivo. Asegúrate de comprar la delgada y es trecha y llénala de agua caliente. Lubrica la punta, insértala en tu recto y, suavemente, aprieta el émbolo varias veces. Esto introducirá mucho menos líquido que un enema, así que es más probable que evacues el agua y cualquier residuo fecal totalmente. En cualquier caso, bien amado “marirequete limpísima”, intenta no hacer peligrar tu salud a cuenta de un polvo. Si realmente quieren entrar ahí... lo harán aunque amenace ruina.
 
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