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Ensayos y poesía, publicada con autorización de sus respectivos autores.

Tu eres el dueño de ti mismo  E-Mail

Image“No seas de esas personas que nada mas van por la  vida criticando la vida privada de los demás, se una persona diferente, se quién eres, se como eres, haz lo que quieras hacer, cuando lo quieras hacer y como lo quieras hacer”

Para muchos de nosotros es difícil ir por la vida, sin prestar atención a lo que la gente opina de nuestra personalidad, de nuestra forma de vida y hasta de que pareja deberíamos o no deberíamos tener, que sociedad mas alocada en la que vivimos en estos días no?.

Yo no siento la necesidad de criticar a alguien por lo que es, o por cómo lleva su vida, es su VIDA, no la mía, en lo personal no me gustan las personas que viven para ello, tampoco me gusta ver a personas que juzgan a otras personas por tener una pareja del mismo sexo, por qué?. No me gustan las excepciones, ni lo diferente, me gusta lo normal.. me gustan las personas, no los sexos, ni que alguien sea mejor o peor que nadie,  me gustan las personas, con sus defectos y con sus cosas buenas. Pero no me gustan las personas que se creen perfectas, ni las que se creen que todo lo han hecho bien en su vida, también no me gustan las personas que tratan de llamar la atención por la calle, o por como hablan, o por lo que dicen, A ver….

Veámoslo de esta manera: Que Problema tiene la sociedad con dividir a las personas?, o a hacer alguien mejor que el otro? o en Hacer leyes para nosotros mismos?. Por que se crea la división?. Por  que no podemos ser simplemente “Seres Humanos”?. Si se supone que “Todas” o al menos en nuestra constitución dice que: “Todos somos Iguales ante la ley”,  y se supone que la Biblia también menciona que: “Todos Somos Iguales ante Dios” entonces, Por qué Tanta división?,  Tanto Odio?, Tanta Venganza? Tanta Envidia?,  Y Por que tenemos la Gran manía de criticar a la gente sin conocerla?, Ahí si, Ahí si puede haber un “gay” caminando por la calle, pero… No sabemos en realidad quién es?, No sabemos lo que piensa?, No sabemos lo que siente? o lo que Padece?, porque detrás de todo, detrás de lo que le cubre, Todos tenemos los mismos órganos, metafóricamente hablando, Todos tenemos un cerebro, todos tenemos un corazón, creo que por esa razón todos somos Iguales. Por que, no en vez de criticar a alguien no decimos solamente que: Ahí va una persona, caminando por la calle!, No, No lo decimos por que no es algo morboso, no es algo que ofenda, no es algo que tiene critica. Si no vas a madurar por qué no simplemente te callas y te reservas los comentarios para ti mismo, además Nadie tiene por que escuchar esas tonteras, porque  todos somos personas, ya que, si algo nos diferencia del resto de animales, es que tenemos conciencia para razonar, tenemos sentimientos, por otro lado,  Somos los únicos animales capaces de llorar!!, será por algo quizás?, y nosotros a lo único que nos dedicamos en la vida es a romper los sentimientos de los demás, a hacer que una persona llore, o a hacer que también se ría, pero por que tenemos que dividir a la sociedad siempre?? entre mujer y hombre, entre homosexual y heterosexual, por que no cuando vamos por la calle solo vemos personas, simple, pero todos vemos a gays, lesbianas, mujeres y hombres, piénsalo de esta manera, tu naciste así, yo de esta manera, y yo te estoy insultando o discriminando a caso por ello?,  NO!. Se supone que todos somos una raza, y también se supone que las razas deben protegerse a si mismos, no echarla al fuego, ni dejarles caer del precipicio,  ”se supone” que nos tenemos que querer, que nos tenemos que respetar, cuando lo único que estamos haciendo, es tirándonos piedras los unos contra los otros,  que sociedad tan buena en la que vivimos!, en la que no podemos permitir a una persona ser lo que ella quiera, ¿por qué no? Si es su vida, no es la nuestra, yo ¿por qué tengo que prohibir a dos personas del mismo sexo casarse? Si es su vida, no la mía,  yo no voy a estar ahí,  en la misma cama, en la misma casa, porque quien quiera que sea, tiene derecho a hacer de su vida lo que se le dé la gana,  y continuarla de la manera que más le parezca, Yo soy Carlos, Soy más que una persona, soy más que un amigo, soy más que un hermano, yo soy un ser humano, normal, común y corriente, pienso que esa es la manera en la que todos deberíamos de pensar, actuar de una forma correcta y diferente, sin ofender a los demás, sin dejarles de lado por que sean de esta, o de otra manera, porque tenemos que tener en cuenta que es nuestra vida y podemos hacer con ella lo que se nos venga en gana, por eso nadie me tiene que decir quién me tiene que gustar y quién no?! Nadie me tiene que decir de qué manera debo de vivir la vida, porque nadie, más que yo, más que nosotros mismos tenemos ese derecho, de poder decidir qué hacer con nuestras vidas, vivirla de la manera que se nos dé la gana, los únicos que tenemos derecho a cambiar nuestras vidas, somos nosotros mismos, nadie más, ni tu padre, ni tu madre, ni tu hermano, ni tu amigo, Nadie, nadie más que tu, porque en mi caso, si me equivoco, soy yo, no eres tú, y si me daré golpes contra la pared, ya me los daré yo mismo, pero aprenderé de mis errores, acabare aprendiendo, si me tropiezo con una piedra, ya me tropezare yo mismo, si estoy cometiendo un error, ya me daré cuenta yo solo, tranquilos, hasta entonces podre hacer lo que se me dé la gana, porque es mi vida, son Mis decisiones, por eso no les debería de importar  lo que la gente piense, mucho menos lo que la gente diga, a menos que sea algo positivo, algo que te ayude, a tu opinión,  a mejorar como persona, no a cambiar lo que eres por quien ellos quieren que seas, sigue los consejos que te de tu corazón, no por lo que dice la sociedad, ya que el mundo se mueve de esa manera, de la manera más errónea que he podido ver, por eso te doy este consejo, tómalo si te apetece, si crees que sería lo mejor para ti, no te estoy exigiendo que lo hagas, es solamente una simple opinión, un consejo mas, siéntete igual que los demás, trata a las personas como a ti te gustaría ser tratado, de la manera más correcta,  con respeto y cariño yo no le veo el problema…. Yo soy Carlos y ¿tú? ¿Quien eres?…
 
MEAN - Cuento ganador de los JUEGOS FLORALES 2012  E-Mail
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Autor: ALEJANDRO CÓRDOVA 
 
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—Está encerrado en el baño, profesor.
El maestro sale de clase corriendo a confirmar lo que Damián le dijo. Llega al baño y tranquiliza a todos los demás niños que obstruyen el paso, pide a Darío que por favor abra la puerta y lo deje entrar. No le contesta. Los demás maestros calman el alboroto de los niños e ingresan de nuevo a sus aulas.  El profesor intenta utilizar las palabras adecuadas para convencer a Darío de que ya no lo van a molestar más sus compañeros, que le abra la puerta, que todo va a estar bien. El silencio dentro del baño comienza a preocuparle. Toca la puerta con más insistencia. Pide que llamen a la ordenanza para que abra como sea. Se escucha el canto de un pájaro. 

**
Desde entonces, a Damián le dan miedo los pájaros. Cuando mira uno comienza a sudar y se desespera de inmediato. Los años siguientes no podía dormir tranquilo porque un pájaro lo visitaba en las noches y daba picotazos en la ventana. Damián no volvió a molestar a nadie y se empecinó en olvidar aquel incidente de sexto grado en el que Darío se encerró en el baño y no volvieron a saber de él. Y no hubiese vuelto a recordarlo el resto de su vida de no ser por el dolor en el pecho que manifestó su hijo menor la mañana del pasado viernes. Cuando el doctor no encontró justificación a los síntomas Damián sabía que el niño estaba condenado. Abrió los ojos aterrado y miró a su hijo con lástima. Aunque ya sabía las respuestas, le preguntaba a su hijo desde cuándo comenzó a sentir ese pequeño dolor en el pecho. Le preguntó que si alguien en el colegio lo molestaba. El niño afirmó con la cabeza. Muchos, le dijo. Le hacen cosas terribles. Damián le prohibió volver a clases hasta que el dolor cesara, con el afán de prevenir una tragedia. 

***
El profesor llamó a Damián y lo sentó frente a su escritorio. Le pidió que, por favor, le explicara todo lo que había sucedido antes de que Darío se encerrara en el baño. Damián, obediente al tono serio e intimidante del profesor, le contó que en el recreo él y sus demás compañeros llamaron a Darío por sus acostumbrados sobrenombres, le dijeron que dejara de comportarse como niña y que si quería la lonchera, que desde temprano le habían quitado, tenía que bailar como mono. El profesor frunció el ceño y le atacó con una sola interrogante. Damián dijo que nunca le habían escuchado nada a cerca de pájaros, que no tenía idea de lo que él le estaba cuestionando. Le comentó, finalmente, que ese día, Darío les dijo que no lo molestaran por favor, que le dolía el pecho. Ellos no atendieron su petición y al contrario, le quitaron sus lentes y lo empujaron. Se reían mucho. Darío se tocó el pecho con ambas manos y comenzó a debilitarse. Salió corriendo hacia el baño sin mediar palabra. Los otros dos niños que estaban dentro salieron asustados por un rumor extraño que provenía del pecho de Darío. Fue ahí cuando él cerró la puerta con seguro y comenzó a gritar. Cuando llamó la atención de todos los niños en el recreo, Damián se encargó de avisarle al profesor. El profesor no se dejó afectar por las explicaciones de Damián. Lo levantó de su silla y lo llevó a que viera qué cosa encontraron en el baño del edificio.

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En el desayuno se acercó a sus padres y les dijo que tenía dolor en el pecho. El padre, atónito, interrumpió el recorrido de su mano con el tenedor hacia su boca. La esposa acerca a su hijo a sus brazos y le pide que compare su dolor con otros dolores más comunes, no es como la gripe ni la tos, no, tampoco le duele como si faltara o sobrara el aire, no son los músculos ni la circulación, ¿cómo son, entonces? Pregunta el padre. Como picotazos, dice el niño.

*****
El baño está abierto y el profesor busca a Darío por todas partes. Una a una, abre las puertas de los inodoros y los encuentra vacíos. Al final, cerca de los lavamanos, está tendido un niño. El niño tiene la mirada perdida, opaca. Su cuerpo está en una posición que delata movimientos bruscos. En el pecho tiene un agujero que vuelve su tórax un compartimiento deshabitado. Hay plumas. Tras la ventana se presume el vuelo de un ave. 


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Es medianoche. Damián no puede dormir. Ya está grande para seguir teniendo pesadillas sobre Darío pero eso no le ayuda a justificarse el temblor en sus manos. Va a la cocina por un poco de agua. Bebe. Todo está oscuro. De pie, se hace un leve masaje en el cuello para relajarse. Se siente la barba y se confirma sus años. En aquel instante, siente remordimiento. Escucha de nuevo el picoteo en una ventana. Camina hacia el cuarto de su hijo. Se detiene frente a la puerta y escucha con mucha más claridad el golpe del pico de un pájaro en el vidrio. Maldice a Darío y se maldice a sí mismo. Abre la puerta. Encuentra a su hijo despierto, contemplando al pájaro. El pájaro es rojo, hermoso, con un pico puntiagudo y ojos penetrantes. El padre le pide al niño que no le tenga miedo al ave, que se duerma. El niño dice no temerle. Dice sentirse mejor con el pájaro que con los niños en la escuela. Que quiénes son los niños que te molestan, pregunta el padre. Que él se encargará de que no vuelvan a maltratarlo. El niño llora y se toca el pecho con ambas manos. Damián corre e intenta impedirlo. Frente a sus ojos de padre se rompe la carne de su hijo y se rasgan sus vestiduras. Un hermoso pájaro rojo alza vuelo desde su pecho y se incorpora a la ruta del otro pájaro en su ventana y de otros miles y miles de pájaros rojos que, en bandada, se dirigen hacia donde termina el horizonte, allá muy lejos, mucho antes que perfore la mañana.

 
¿ORGULLOSO DE SER?  E-Mail
ImageOrgullo sí, orgullo no, orgullo no, orgullo sí… no es la primera vez que tenemos el debate sobre si hay que tener un día del orgullo, si hay que celebrar que somos gay o si hay que celebrarlo de una u otra forma. No seré quien diga si o no al orgullo, pero si que querría explicar que es lo que significa para mí el orgullo y como lo he vivido. Mi historia: tengo 19 años, me acepté a los 14 años, se lo dije a mis padres a los 18, tuve mi primer novio a los 17 y a los 18 años me fui de mi casa porque no aceptaban mi homosexualidad y menos mi pareja. Ahora todo está solucionado. Antes de los 14, ya sabía que era homosexual, pero me sentía solo, no me aceptaba, me quería morir y como es lógico no estaba orgulloso de ser gay. Ahora tampoco puedo decir que esté orgulloso de ser homosexual, simplemente estoy orgulloso de haber ido superando muchos problemas que han ido apareciendo en mi vida y que muchos de ellos han venido por ser gay. No se si está bien decirlo, pero ahora mismo me quiero como soy, me siento orgulloso de cómo soy y por supuesto, creo que puedo decir que estoy orgulloso de ser gay. Creo que si fuera hetero no podría decir que estoy o no estoy orgulloso de ser heterosexual, pero tampoco creo que me hubiera tenido que ir de mi casa con casi una mano delante y la otra detrás por ser hetero, aguantar insultos y desprecios de mi familia, aguantar que mis amigos me dieran la espalda porque no entendían como pensaba, miedo a decir como era por el rechazo, ocultar mi vida en todos lados por culpa de moverme en un ambiente en el que la homosexualidad se ve como lo peor del mundo… Después de haberme pasado un montón de años de mi vida luchando por intentar hacer ver a los demás que soy como ellos, que pienso igual que ellos, que siento igual que ellos, aprender a crear una coraza para evitar que los ataques de los demás me hieran, saber rodearme de los que me quieren, buscar gente que quiere estar conmigo y abrir mi corazón a un nuevo tipo de amor… después de todo esto y mucho más creo que puedo decir que me siento orgulloso de lo que soy, de cómo soy y que gracias a mi homosexualidad he conseguido ser fuerte, ser valiente y ser yo mismo. Espero que todos podamos decir que estamos orgullosos de ser como somos y que cada uno de nosotros lo podamos celebrar como mejor nos guste y como siempre digo, los amo. ¡Feliz día del orgullo gay!
Autor: FIDEO_HD 
 
ÁNGELES CAÍDOS (Extracto, Novela Salvadoreña)  E-Mail

Image Después de atravesar el cuarto en penumbras, me dejé caer de espaldas sobre mi cama, aún con la ropa  puesta. Todavía jadeaba por la carrera desaforada y aún sentía venir sobre mí el huracán acechante de la muerte. Las paredes de dibujos surrealistas parecían contraerse en un intento asfixiante y los muebles adquirían formas siniestras y danzaban como en un ritual satánico. No encontré paz ni siquiera en mi poltrona, donde siempre podía quedarme dormido hasta un día completo. Los miedos más espeluznantes y las ideas más tenebrosas los conocí esa noche, en un enfrentamiento sin aviso. Y, sin embargo, en la otra cara de mi dilema, también estaba orgulloso de la fortaleza, el miedo o la cordura que me había salvado de cometer una imperdonable estupidez hacía apenas un par de horas. ¿Realidad pura o extensión malvada del choque drástico de emociones? Difícil decisión. Las situaciones que se me presentaban como hechos concretos eran las escenas más crueles de todo aquel teatro perverso. ¿Qué pasaría ahora con mi vida, mi familia, mis estudios, mi futuro? No recuerdo haber esperado nunca un amanecer como el de aquel día, con esa vehemencia, con ansias enfermas, con desesperación. Entre las miles de vueltas que las paredes tapizadas daban a mi alrededor encontré la decisión talvez más sensata para toda aquella tragedia: Esperar a que el tiempo dictara sus designios con la evidencia ineludible de los hechos.

El azul oscuro del horizonte empezó a desteñirse en las ventanas amplias. Hasta entonces me venció el sopor obcecado, el mismo que yo había pretendido, sin éxito, reprimir con malos pensamientos. Los pocos sueños que recuerdo evocaban abismos, monstruos y criaturas mitológicas y oscuras y turbias lagunas siderales.
Cuando desperté eran las ocho de la mañana en el reloj pequeño sobre la librera. De un salto me lavé la cara, con los dedos improvisé un peine, tomé mi mochila y salí a la carrera, sin reparar en ninguna cosa. Escuché a una de las domésticas que me ofrecía el desayuno, pero no volteé siquiera. No vi ni encontré a nadie más en mi huida. No hubiese sabido qué hacer. No conocía todavía esa reacción mía y no era el momento para descubrirlo.
Hice a un lado todos los prejuicios, todos los temores y cualquier otra clase de impedimento y me introduje en el primer laboratorio clínico que vi en la colonia médica. Pregunté el plazo de respuesta para un examen de VIH y me pareció largo, a pesar de que solo se trataba del siguiente día. Visité cuatro o cinco más hasta que el tiempo se hubo reducido a tres horas. Y me senté a esperar en el primer banco que encontré.

Tres horas.
Esperar.
Sin ningún otro remedio ni alternativa.

Y fueron las tres horas más hermosas de mi existencia. Hermosas, porque tuve el encuentro que tienen los moribundos, según había escuchado, en los confines del sueño que se llama vida, cuando vi pasar la mía entera frente a mis ojos, en imágenes nítidas, muy nítidas, pero a la vez bañadas en un gris lunar y melancólico. Después de un rato empecé a deambular por las calles sin nombre. Casi un espectro, chocaba con gente sin rostros, hablaba en palabras que no conocía, miraba las cosas sin entender su naturaleza y me sentaba en el parque vacío de árboles frondosos, para luego emprender la marcha de nuevo. Después de dos horas, la rabia en contra de Nicolás se había esfumado y había ido a parar a algún rincón oscuro del alma, y de ahí iba a ser muy difícil resucitarla.
Por eso no debe parecer extraño que cuando leí en el papel blanco la palabra negativo impresa en rojo, lejos de saltar enmedio de gritos eufóricos y correr entre aullidos de alegría, me invadió una levedad anónima y gloriosa, y un grito de victoria se me ahogó adentro.

Esa levedad me llevó hasta Nicolás, hasta la soledad que él abrazaba por las noches, hasta los fantasmas que de seguro habían empezado a visitarlo, y hasta el trance doloroso que de seguro apaciguaba desahogándose con el espejo del baño.
Me reproché en lo hondo mi actitud pueril. Dios sabe cuánto lo quería. Cuánto cariño representaban para mí su pequeña figura y su gran corazón. Ahora no sería capaz de mirarlo a los ojos. A pesar de saber que él sería capaz de perdonarme setenta veces siete, como estaba escrito. Era capaz de medir el tamaño de su sufrimiento, pero no me sentía capaz de enfrentarlo. Desde el puerto seguro de mis pensamientos solo pude gritarle: No estás solo en el mundo, querido amigo. Estoy con vos, aunque no lo creás, aunque pensés que solo soy un cobarde y un hipócrita de mierda. Y lloré. Lloré, quizá de dolor ajeno, quizá de alegría redimida.

Por. Carlos Alberto Soriano. Si desea adquirir la obra completa, de la primer Novela gay Salvadoreña) busquela en libreria LA CASITA/PROLIBROS