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El cine, ese viejo creador de sueños, sigue sumergiéndonos en cauces de fantasía, al igual que las aguas de aquel río, el de luna, al que Holly cantaba a través de ‘Moon River’ en ‘Desayuno con diamantes’. El estreno del largometraje cumple su 50 aniversario y, sin embargo, nunca ha pasado de moda.La película, basada en la novela de uno de los periodistas más destacados del ‘nuevo periodismo’, Truman Capote, se ha convertido en una cinta de culto. Ha pasado medio siglo desde su estreno y, sin embargo, sigue alimentando los sueños de románticos, aspirantes a actores y ambiciosos que se imaginan rodeados de diamantes y trajes de Givenchy.
No todo se ha mantenido a la vanguardia de la moda, pero lo que dejó de estarlo, ha regresado. Lo que era viejo, ahora es vintage. Las corbatas estrechas, los trajes y las americanas que George Peppard lucía; los recogidos de Audrey Hepburn; y, los gatos dorados de plástico tan horteras, esos que mueven y bajan la patita para atraer el dinero, que venden en los bazares chinos.
Desayuno con diamantes’ es una película con un argumento actual. Al amanecer, un taxi amarillo cruza la Quinta Avenida de Nueva York, prácticamente vacía. Baja una joven, vestida con un largo y elegante vestido negro. Se detiene ante el escaparate de la joyería Tiffany’s. Contemplado los diamantes, desayuna café y un cruasán. Holly vive en un apartamento con un gato sin nombre, duerme de día y dedica las noches a salir con hombres adinerados a los que les saca 50 dólares para ir al tocador. Su gran ambición es casarse con uno de los solteros más ricos de América. Pero Paul, su nuevo vecino, que trabaja como gigoló, cambiará el futuro que ella siempre había deseado.
Una comedia romántica en la que los momentos más humorísticos los pone Mickey Rooney, caracterizado como Mr. Yunioshi, a quien Holly molesta ininterrumpidamente, con sus fiestas y llamando a su timbre a altas horas de la madrugada para irritarlo.
El autor de la novela original, el excéntrico periodista y escritor homosexual Truman Capote, creó una Holly bisexual y más libertina. Sin embargo, el director de la cinta, Blake Edwards, decidió adaptar el personaje a la imagen de una dulce Audrey Hepburn que encandiló al público, convirtiéndose en la segunda actriz de Hollywood mejor remunerada tras Liz Taylor. La sencillez de una diva
La singularidad y la belleza de la actriz, que por entonces se salía de los voluptuosos cánones de belleza establecidos, le otorgaban una elegancia natural. No le gustaban las joyas ostentosas. Le gustaba la sencillez. Siempre fue fiel a su modisto, Gyvenchi, porque era quien mejor la conocía. Incluso, creó un perfume para ella.
Audrey Hepburn ha terminado convirtiéndose en un icono de la moda que logra sobrevivir a las décadas, aunque nunca quiso serlo. La joyería Tiffany’s, que logró una increíble popularidad internacional gracias al largometraje, le ofreció ser imagen de la tienda en varias ocasiones. Pero las propuestas fueron rechazadas una y otra vez. No le gustaban las joyas, abogaba por la sencillez.
A pesar de haber protagonizado infinidad de historias románticas con final feliz, nada fue igual en la vida real. Sus éxitos profesionales contrastaban con los fracasos de su vida personal. Vivió desesperada por encontrar el verdadero amor para darle un sentido más profundo a su vida. En esa búsqueda, la acompañó el dolor que le provocaron los cinco abortos que sufrió, las infidelidades de sus parejas y pasar por tres matrimonios. Dio luz a dos niños y, con el tiempo, decidió ir retirándose poco a poco para centrarse en labores humanitarias. En 1988, se convirtió en embajadora de UNICEF y dedicó el resto de su vida a ayudar a los niños más necesitados. 24 de enero de 1993, los medios de comunicación ofrecieron una noticia que consternó a todos sus seguidores. Audrey Hepburn había perdido la batalla contra un cáncer de colon. El mundo se despidió de ella y la joyería Tiffany’s no pudo evitar dedicarle un homenaje en un escaparate con su foto y una frase que decía “Our huckleberry friend” (nuestra fiel amiga), como la letra del tema principal de la película.
Hoy, la actriz permanece viva en el recuerdo de quienes la idolatran a través de sus películas, los cuadros que muestran su bella imagen y los discos de vinilo que reproducen canciones como ‘Moon River’, trasladando a quien la escucha al alfeizar de la ventana en la que Audrey Hepburn cantaba con su guitarra: “Two drifters off to see the world. There’s such a lot of world to see. We’re after the same rainbow’s end, waiting around the bend… My huckleberry friend, Moon River, and me.”
Fuente: 7Pekados |